jueves, 15 de marzo de 2012

Poemas Prestados #11

Muchas gracias a todos los que nos han enviado sus poemas con las palabras prestadas por Álvaro Llerena Martínez. Te animamos a que sigas participando en la duodécima edición que empieza hoy jueves 15 de marzo del año 2012.



Premio al mejor poema seleccionado por la editorial Cuadernos del Vigía. Enhorabuena a Gabriel Merino quién recibirá el libro Electrones de Carlos Marzal. "Entendido como un género minoritario, el aforismo es, sin embargo, una disciplina que ha enamorado a innumerables filósofos y poetas, expresión del pensamiento líquido, minuciosa, paradójica, a veces escondida en otros textos y en demasiadas ocasiones orillada en la clandestinidad literaria." (De la colección Aforismos).


A continuación publicamos los poemas escritos a partir de las palabras prestadas: trinchera, maracas, mango, masticar y crecer.



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AHORA

Mi trinchera no deja de masticar la furia de cuerpos pasados
íntimos de haceres dolorosos en el centro de mi útero
implacables en la casa de las lilas -Alejandra, yo también muero por las lilas-.
Maracas que irrumpen sobre mi garganta abierta de tanta muerte
y esqueletos dormidos que piden dónde crecer y reproducirse hábilmente
sobre un cuerpo nacarado de sortilegios y embriagado de un mango dulce, hilarante hasta el fin de mi
sufrimiento.



Susana Lang
De La Garma, Pcia. Bs. As., Argentina


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2D

Podría decir que mastico un mango, pero lo cierto es que imagino su sabor en mis labios. Podría tocar las maracas, pero más verdad es que disfruto desde la sombra de mi pudor un danzón caribe. Podría arrojarme a la trinchera y matar moscas y dragones, pero me puede la prudencia del cobarde, la supervivencia. Podría ver crecer las dudas y las deudas, pero entonces sería un personaje real y no este dibujo encerrado en mi viñeta.




Karlos Ordóñez Ferrer
Madrid, España

microscuento.wordpress.com


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Manos que lloran
vacías de miradas
sin tiempo, sin aire, en silencio,
mastican el polvo
allí solas
en la trinchera

El sol de la tarde
evoca tu canto, tu baile, tu aliento,
preludio de maracas,
susurros que crecen en forma de besos
al aroma de mango,
guiados por el viento

A la víspera del otoño
dejaré que las nubes lloren por mí.




Maribel Moratilla
Zaragoza, España


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Caribe

Al ritmo de la arena,
se deslizan las maracas,
circundantes en el mapa
del que fuera el viejo mar,
que imponente se levanta,
sobre costas,
sobre estatuas,
espejismos disidentes,
de un antiguo pedestal.

Bajo el cielo arrepentido,
los tambores que palpitan,
invocando el fiel destino,
del más firme y tierno amor.
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Mango suave adorna el techo,
derivando en complemento,
la ambrosía y la espesura ,
del reino de antiguo sol,
que en la trinchera del tiempo,
ha guardado su elemento,
un notable sedimento,
su riqueza,
su fortín:
es la luz del poliedro,
astro,
claro resplandor,
la que ha llevado a la vida,
entre máscaras de don,
la tierra que ciñe el paso,
y mastica música:
el Caribe colombiano,
frontera del más allá.

Retornan hasta su origen,
las notas del musical,
raíces de un mismo golpe,
dibujado en la libertad,
sobre pieles de tambores,
del Caribe colonial.

Ya se acerca la marea,
el viento ya cesará,
pero el alma siempre eleva,
la virtud del inmortal.




Julián Felipe Rondón Carvajal
Medellín, Colombia


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Y -básicamente-
al final, no se trata de crecer…

Sólo va a ser
ponerse encima la trinchera
y atravesar estaciones esquivando,
al menos, los equívocos y la maldad…
Masticando para dentro tus palabras
amargas como un bocado de tabaco,
para no errar al escupirlas
y que parezcan
suaves y dulces, como si
sólo hubieras saboreado
puré de dulce yuca o de mango.

Al final,
sólo se trata de ser consecuente
para no acabar
-como decía aquel-
igual que las maracas de Machín…




Gabriel Merino
Madrid, España


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Oda a un árbol caído.

Crecieron las sombras
formadas por el árbol.
Crecieron sus frutos:
pomelos y mangos.

Talaron el árbol,
cortaron su campo.
Mataron sus gozos
vestidos de blanco.
Estalló la guerra en aquel prado
manchando de sangre el tocón blando
que sirvió de trinchera a los tristes soldados,
que sirvió de asiento a los niños cansados.

La gente pedía el cobijo añorado.
Masticaron el llanto al árbol robado,
tocaron maracas junto al tronco rajado.
plantaron semillas junto al árbol matado.

Un brote nació frente al madero olvidado
y creció la vida de otro ser amado.




Aurora Merino Fernández
Madrid España


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Alas Musicales

Trinchera de alas
musicales amparan
el himno caribeño
para darlo a conocer
al mundo.

Con un árbol de mango
que crece bajo el
ritmo de las maracas
que le hacen brotar
sus frutos.

Que caen como un
milagro sonoro
que me provoca hasta
masticarlo, nutriéndome
con su estilo.




Martha del Pilar
Colombia

rodriguezmartha.blogspot.com


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Bailando cumbia bajo un árbol de mango,
pendían los frutos lucernarios en el patio.
Bailando al son de maracas y tambor,
paseo y son vallenato,
bajo la luna y el mango.

Masticaba música y mango,
masticaba el tiempo,
con raíces de tierra y campo,
tocando estrellas de la mar.

Atrincherada en la cintura; un canasto
y masticaba el olor a mango
en la boca y los pies...

Bailando cumbia y vallenatos,
bajo el mango, sobre el mango...

Creció la niña su niña,
mecida hamaca su cuna,
nanas de mango y maraca,
nanas de tambor y fruta,
leche de mango, sabor a mango,
pequeño sol entre las manos,
Mango.




Ivonne Sánchez Barea
Granada, España

www.ivonne-art.com


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El vigoroso mango que hunde sus raíces en la vida subterránea,
que en su fruto oblongo lleva la historia de otros miles,
da la sombra que no tolera al patio de mi casa,
sus ramas son filigrana que engasta
un ocaso tan encendido como los chiles.

Lleva el aire la algarabía de los niños
que crecen jugando a la guerra de trincheras,
y en el cielo, con el mismo alboroto,
las golondrinas regresan a los tejados
dibujando quiebros imposibles

Preludia la noche cálida el son de unas maracas,
las parejas bailan enlazadas
como la vainilla que ciñe su tronco
y yo mastico la jugosa pulpa amarilla
mientras sueño otros amores.




Xisca Minart
Palma de Mallorca


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ARROZ CON LECHE

En el patio, bajo la sombra del árbol de fruta,
la abuela cuela entre sus dedos negros los granos de arroz.
Una frenética cascada blanca se atrinchera en la olla,
como el hueso del mango a su cáscara.

La caída del grano produce un sonido de maracas,
una cumbia rutinaria que crece con la llama del fogón
y embiste de ritmo su falda florida.

La abuela trocea el mango.
Leche y limón se mezclan.
Un golpe de azúcar y otro de canela.

La abuela al hablar mastica pausadamente el aire.
Hay ardor en su rostro.
Y una lágrima hierve bajo sus ojos.
En la casa no se oyen pisadas.




Salomé
Madrid, España


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